2009/11/16



Cierra tus ojos por un momento e imagina un árbol en tu mente.

Cada detalle - la fruta creciendo del árbol, el tronco, las ramas, los niños jugando debajo de él - es una expresión de ti, porque tú eres el único creador de este árbol.

Todo está unido por un común denominador: Tú.

Ahora abre tus ojos. ¿Qué ocurrió con el árbol? Ya no está. El árbol existe siempre y cuando tú quieras que exista. Tú no eres sólo su creador, eres también quien lo mantiene. Sin ti, no existe ningún árbol.

El Mantenedor

Esto nos ayuda a entender la relación de Dios con Su creación. Dios es el Creador único del universo, pero a diferencia de un carpintero que acaba de hacer una mesa, Dios no crea el mundo y lo deja. El acto Divino de la creación es completamente diferente ya que Dios es infinito. Infinidad significa que no hay fronteras. Por lo tanto nada puede existir independientemente de Dios, ya que cualquier cosa independiente trazaría una línea divisoria entre el objeto y Dios, haciendo de Dios algo finito.

Por definición, Dios está continuamente creando y manteniendo el universo. Así como la luz brillante necesita constantemente de la electricidad, así también nada puede existir sin Su deseo constante de generarlo. Corta la corriente y la luz inmediatamente se apagará.

Cada molécula en el universo surge de una fuente simple, persuasiva e infinita. Así como cada pincelada de Picasso contiene su firma en ella, todas las cosas en la creación son una expresión de una dimensión más elevada e infinita.

El Autor de la Existencia

La novela de Kurt Vonnegut denominada Breakfast of Champions (Desayuno de Campeones) nos enseña el gran poder de un creador y mantenedor. En una escena, el personaje principal, Kilgor Trout, está tomando un trago en un bar, pensando en sus asuntos. De repente, siente que una increíble presencia está por entrar al bar y empieza a sudar.

¿Quién entra?

Kurt Vonnegut. Cuando el autor del libro entra a la novela para visitar a su personaje, la percepción de Kilgor acerca del mundo cambia para siempre. Se da cuenta de que él no existe de manera independiente. Por el contrario, cada momento de su vida requiere de un nuevo movimiento de la pluma del autor. Sin el autor, el personaje deja de existir.

Kilgor se da cuenta de que existe otra dimensión más allá de la suya. Se da cuenta de que su dimensión - la realidad de Kurt Vonnegut - es más real que el mundo de la novela.

Imagínate si Kilgor pudiera salirse de las páginas del libro y tocar a su autor. Si se pudiera mover más allá de su dimensión y entrar a una dimensión que es más real que la suya.

¡Sería realmente una experiencia increíble, literalmente trascendental!

Él reconocería que su universo entero es una expresión de Kurt Vonnegut. En ese momento, Kilgor removería el velo de su universo ficticio y revelaría la raíz de toda la realidad.

Sin un nuevo acto de creación en cada instante, nada podría existir.

La metáfora es clara. Todo nuestro mundo finito es una expresión de la unicidad de Dios. Sin un nuevo acto de creación en cada instante, nada podría existir. La única existencia verdadera y real es el infinito.

Cuando removemos la capa externa de este mundo y observamos por un instante la dimensión elevada e infinita, obtenemos un pleno momento de trascendencia. Nos elevamos por encima de nuestras limitaciones finitas y tocamos la eternidad. La perfección misma.

Espiritualidad: Una visión del infinito

Hay momentos en la vida de todos nosotros en los cuales nos encontramos descubriendo el infinito, viendo las huellas de Dios en el universo. Inclusive las experiencias espirituales más comunes pueden ser un encuentro con un aspecto de la unicidad de Dios que interactúa con el mundo finito.

Cada momento posee el potencial de ir más allá de la dimensión aparente y conectarse con un depósito de espiritualidad - la fuente infinita de la existencia. Sólo fíjate en tus experiencias espirituales y observa el elemento subyacente que genera su poder.

A todos nos impresiona la armonía silenciosa del atardecer. Temblamos con el poder absoluto de las cataratas del Niágara. Nos asombramos al ver un tornado arrancando los árboles, o una tormenta eléctrica en el cielo. Sentimos la grandeza de la eternidad cuando miramos la interminable expansión de estrellas en la noche, o al ver la grandiosa majestuosidad del mar.

Cuando mecemos a un bebé en nuestros brazos, nos encontramos con la exquisita maravilla de la creación - el milagro de la existencia. Trascendemos el tiempo al tocar las piedras del Muro Occidental. Y sentimos la unidad entre la gente cuando se conectan profundamente unos con otros, mientras dejamos nuestras limitaciones de lado.

Aspectos de Dios

Nuestros momentos de espiritualidad son encuentros con:

  • La Unidad
  • La Perfección
  • La Eternidad
  • El Poder absoluto
  • La Unicidad
  • La Verdad

Todos estos son aspectos de Dios - la Fuente infinita de la creación. Cuando nos elevamos de nuestra realidad finita y nos conectamos con una fuente más elevada, experimentamos nuestros momentos más grandes de placer espiritual. Estos momentos son poderosos porque nos conectamos con aspectos de la dimensión infinita dentro de este mundo y trascendemos.

Estos increíbles momentos nos elevan de la trivialidad de este mundo. Los dolores de la vida dejan de importar cuando vivimos estos momentos. Estamos conectados con algo más grande y más placentero que nos hace poner todo en perspectiva y nos provoca un sentimiento de humildad.

Los niños caminan en un constante estado de asombro. Todo es fresco. Una caminata alrededor de la cuadra puede ser como ir a un Safari. "¡Mira! ¡Un pájaro! ¡Y esas hormigas!".

¿Nos hemos acostumbrado a las maravillas persuasivas del mundo de Dios?

Para incrementar la dosis de conciencia y felicidad en la vida diaria, transforma lo mundano en algo más espiritual.

Abre tus ojos y mira las huellas de Dios.




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